24/04/2019
miércoles 24 de abril del 2019 - T
24 abril 2019 - T

Daniel Temperoni Periodista

viernes, 15 de marzo, 2019 - 10:35 hs.
Energía y subsidios

Aún después de la aplicación sistemática de aumentos en las tarifas de energía eléctrica y de gas en los últimos tres años, el renglón de los subsidios tampoco dejó de crecer durante ese lapso.


A finales de 2018, los consumidores de electricidad cubrimos el 52% de los costos de generación, en tanto el Estado se hizo cargo del resto, vía utilización de impuestos que también pagamos nosotros..


En el caso del gas, los ajustes alcanzaron el 66,7%.


El año pasado, entonces, los subsidios crecieron un 49%, pasando de $123.610 millones a $184.314 millones.


Los datos fueron compilados por la Oficina de Presupuesto del Congreso, incluyendo los montos subsidiados al transporte que en 2017 fueron de $73.631 millones y ascendieron el año pasado a $95.303 millones.


Los números son tremendamente contundentes, sobre todo si se escarba por debajo de la superficie.


Es que no se pudieron cubrir los mayores costos de la generación energética, a pesar de haberse incorporado a la ecuación tarifaria los valores internacionales del barril de petróleo, los incrementos en el dólar y las variaciones inflacionarias.


Tanto las facturas de gas como de energía eléctrica contienen además una fuerte carga impositiva, que se complementa con mayores costos mayoristas que también pagamos los usuarios de estos servicios.


Por donde se lo mire, el eslabón más débil que termina sosteniendo el mayor peso de la cadena es siempre el consumidor final.


Cuando se comenzó con el aumento gradual y sostenido de la facturación, se hizo hincapié en que este paradigma cambiaría la manera de ver las cosas y que los empresarios finalmente invertirían en la actualización de la generación, transporte y distribución de gas y de electricidad, aún cuando nunca dejaron de recibir subsidios por parte del Estado.


Esto no ha ocurrido hasta el momento y sólo se ha visto cómo siguen creciendo las tarifas, mientras los usuarios dejan de utilizar los servicios básicos o restringen fuertemente su uso ante los montos que llegan a sus hogares y que no pueden pagar.


Los números vigentes no dejan ninguna duda sobre quiénes han sido beneficiados con esta política energética.-


@danieltemperoni


 

   


Columnas anteriores
viernes, 19 de abril, 2019 - 10:21 hs.

La cruda realidad del distrito exige que toda la dirigencia accione positivamente con sus mejores ideas, para comenzar a saldar las enormes deudas sociales que se han ido profundizando en los últimos años.


Se trata de reunir voluntades para definir aquellas políticas que puedan trascender a las próximas gestiones, incluyendo la generación de empleo, la profundización de herramientas educativas, la distribución de soluciones alimentarias y el fortalecimiento de planes sanitarios para toda la población.


El incentivo para la puesta en marcha de programas de infraestructura en los barrios y la discusión inteligente de los cambios que requiere el transporte público de pasajeros, también deben ser incorporados a esta lista de prioridades que ya no pueden seguir esperando decisiones aisladas.


La seguridad tiene que ser rediseñada en función del crecimiento poblacional y de la diversidad que muestran las populosas barriadas marplatenses.


El paradigma productivo exige un replanteo sin abandonar los sostenes tradicionales, pero incluyendo a todas aquellas industrias y servicios que requieren de nuevas logísticas.


El municipio soporta suficientes obligaciones que le son propias y que hacen del presupuesto un verdadero dolor de cabeza anual, recayendo ese peso en la inexorable presión sobre el valor de las tasas municipales que terminamos pagando todos los vecinos.


Por tal razón, también los políticos de General Pueyrredon deben abrir la discusión acerca de cómo se seguirán gestionando los recursos económicos y financieros del municipio, aprovechando los niveles de coparticipación y diseñando los primeros pasos que lleven a un planteo de autonomía municipal.


Para lograrlo, la dirigencia necesita advertir que el producto bruto interno que se genera en el distrito supera en varias veces al propio presupuesto y que los niveles autonómicos le otorgarían a la comuna la posibilidad de contar con mayores recursos genuinos para llevar adelante las políticas que la sociedad está reclamando.


Esto ordenaría la secuencia de recuperación de la recaudación por tasas, los aportes coparticipables y el crecimiento exponencial de los cupos para obras públicas.


Se trata de cambiar la dinámica actual que no alcanza hoy a cubrir las necesidades básicas y propias de la municipalidad en función de los servicios que brinda a los vecinos, por una sinergia más inteligente y proactiva que defienda la producción de recursos propios.


Se necesitan voluntades políticas, exentas de miradas cortas y partidarias.-


@danieltemperoni


 

viernes, 12 de abril, 2019 - 10:24 hs.

La viralización de un video donde se pudo observar la pelea de dos conductores, uno de ellos taxista, tras un incidente de tránsito, hizo reinstalar el debate sobre el avance de la violencia en la sociedad argentina.


No hay manera de justificar ninguna de las acciones que pudieron apreciarse en esas imágenes.


Sí permiten abrir distintos renglones de análisis desde las perspectivas individual y colectiva.


Hoy se viven situaciones de injusticia y frustración que vienen acumulándose desde hace años, las que finalmente repercuten en los diversos ambientes sociales a través de manifestaciones solitarias o grupales.


La repetición de hechos inaceptables también esmerilan la sensibilidad y se complotan con otras formas de manifestación que antaño ni siquiera hubiesen intentado comenzar a forjarse en el inconsciente colectivo.


Así la cadena de rasgos violentos e irracionales se va apoderando de la escena diaria y autoinmunizándose con la propia carga de la prueba objetiva.


Cuánto más se reitera un contrasentido, gana en territorio y prepotencia.


Desde la mirada individual podría decirse que todos los intentos por frenar esta oleada aparecen como insuficientes, máxime si de parte del Estado no se observan acciones concretas que fluyan en el sentido correctivo y ejemplificador.


Lo peor que puede ocurrir, tras el hecho, es dejarlo encapsulado como si se tratase de un evento producto de las tensiones y totalmente ajeno al entorno social en donde se desarrolló.


De esta forma, se termina aceptando que estas agresiones forman parte de la vida diaria de todos los argentinos y que no hay límites para imaginar hasta donde se puede llegar en este peligroso camino.


Cada una de estas acciones debe ser evaluada como parte de un todo mucho más complejo en sí mismo, donde la persona es la herramienta ejecutora de la agresión y también la receptora del daño.


Es la sociedad en su conjunto la que debe repudiar todo tipo de violencia y exigir del Estado la aplicación incondicional de las leyes, haciéndole observar sus deméritos cuando esta proviene de actitudes de los propios mandatarios.


@danieltemperoni


 

viernes, 5 de abril, 2019 - 10:23 hs.

Los productos de primera necesidad, como casi siempre en nuestro país, caen bajo la presión de los insaciables formadores de precios y el influjo permanente del dólar.


Hoy más que nunca, ya que los combustibles y la energía tienen en su ingeniería de valor las referencias internacionales atadas a la moneda norteamericana.


Es un círculo vicioso, repetitivo y permanente.


Esta instalación conceptual le permite a los grandes grupos empresarios arremeter contra cualquier cálculo previo que pueda hacerse, sobre todo porque no hay una valorización efectiva de lo que el Estado debe tener como prioridad.


En este panorama global, los precios siguen el ritmo inflacionario y acusan también el reacomodamiento de los intereses de aquellos que fijan las reglas del mercado.


Lógicamente son los mismos que manejan enormes sumas de dinero a través del negocio de las Leliq y el rebote posterior en los soberbios márgenes de ganancia que logran con el dólar.


La pregunta que surge de forma instantánea pasa por saber cuánto de ese dinero realmente queda y se invierte en el futuro del país.


También, insistir en la facilidad con la que siguen emigrando los abultados resultados de semejantes transacciones diarias.


Todos los días se enciende una lámpara eléctrica, una llama de gas y se pone en funcionamiento un vehículo, razones más que suficientes para repensar los parámetros que se precisarán para generar un proyecto de país que apunte al crecimiento de las economías regionales, sostenido por un seguimiento de políticas estructurales que devuelvan al trabajo y la producción el valor que perdieron frente a las commodities.


En este mismo plano deberán volver los precios razonables de aquellos productos que se consumen masivamente, como parte de una imprescindible reformulación de la política económica y una mirada más cercana e inclusiva para el tercio de población que atraviesa difíciles renglones de pobreza e indigencia.


Se trata de reemplazar el círculo vicioso que opera sobre sus propios resultados operativos por el virtuoso que propone volver a producir y ensanchar la base del trabajo genuino y sostenible en el tiempo.


También de reconocer que se precisa un modelo de país que incluya a todos los argentinos y que defienda los recursos nacionales por encima de los negocios.-


@danieltemperoni

viernes, 29 de marzo, 2019 - 10:24 hs.

Los últimos números divulgados por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, indican que la pobreza medida por distintos derechos sociales creció del 26,6 al 31,1% de 2017 a 2018 en todo el país, más allá del índice de ingreso.


En síntesis, uno de cada tres argentinos se encuentra inmerso en la pobreza.


Esta medición abarcó distintos planos de incidencia, como por ejemplo la alimentación con indicadores de inseguridad nutricional, sin cobertura de salud o con restricciones al acceso a la atención médica o a los medicamentos.


También se incluyeron los servicios básicos, en los cuales se anotaron los porcentajes de conexión a la red de agua corriente, a las cloacas y a la energía.


En cuanto al renglón de vivienda digna, se midió el hacinamiento, la precariedad en la infraestructura y el déficit en servicios sanitarios.


El medio ambiente reveló la población sin recolección de residuos, presencia de fábricas contaminantes y espejos de agua contaminada.


Con respecto al acceso educativo, se contabilizó la inasistencia, el rezago educativo en la escuela media y en la primaria.


Finalmente, fue medido el empleo y la seguridad social como la falta de afiliación al sistema y el desempleo de larga duración.


El estudio registró a las personas que sufren una o más de estas carencias en Argentina, revelando que en 2017 había 16,7% de pobres estructurales y en 2018 dicho número creció hasta 18,6%.


Los pobres no estructurales pasaron de 9,9% a 12,7%.


Estos índices suman, entonces, una pobreza de 31,1% en 2018.


De manera preocupante, esta pobreza multidimensional en la población argentina se incrementó desde 2012 cuando registró 24,4%, pasó a 27% en 2015 y alcanzó 31,3% en el cuarto trimestre del año pasado.


La realidad duele y exige que la dirigencia política encuentre el rumbo de crecimiento de la economía, sin olvidar que la ecuación social sólo cierra si todos los argentinos están incluídos en ella.


Sobre todo en un país que genera alimentos para 500 millones de personas.-


@danieltemperoni


 

viernes, 8 de marzo, 2019 - 10:22 hs.

En un año electoral, la mirada de los políticos está puesta fundamentalmente en las reacciones de los votantes.


Resulta lógico que así ocurra, ya que la ecuación de la dirigencia pasa por calcular los estándares de aceptabilidad frente a determinados momentos y circunstancias del país.


Confrontan de manera permanente las sensaciones individuales y colectivas, porque luego servirán para ir esbozando los perfiles de las campañas y de los candidatos.


Buscan en sus ocasionales contrincantes las flaquezas y fortalezas, teniendo en cuenta que la gente estará muy pendiente de sus ideas conceptuales a la hora de tener que definir su voto en las urnas.


Cada vez más, los consultores escudriñan en los rincones de la sociedad con la indisimulable intención de captar la atención de los votantes y poder sumar el mayor porcentaje de adherentes.


Consecuentemente, la ingeniería electoral no deja nada librado al azar y cada vez más se encolumna hacia a una ciencia exacta que termina colocando al elector bajo una enorme lupa.


Con la crisis de los partidos políticos, se fue consolidando este modelo de evaluación y captación del sufragio y se fue dejando en desuso el tradicional basado en la presentación de las propuestas globales de cada partido.


Quizás porque esta misma crisis de identidad y de inserción en la sociedad, hizo que comenzaran a tallar las preferencias por la imagen de un candidato y no por las ideas que profesa y sostiene la propia estructura político partidaria.


Esto genera que muchos de nuestros mandatarios no cumplan fielmente con los postulados ideológicos de las plataformas que encabezan o que no alcancen a estar a la altura de la historia de los partidos a los que representan.


Esta brecha entre lo que están necesitando los mandantes y lo que finalmente ofrecen quienes aspiran a ser sus representantes, se ensancha conforme van pasando los ciclos electorales del país.


Hoy, la distancia entre los reclamos de los argentinos y el puñado de sus connacionales que puja por el poder, deja en evidencia que las formas y los recursos de imagen han sido insuficientes al momento de mostrar las cualidades políticas de los elegidos.


Se precisa sintonía fina para interpretar las demandas de estos tiempos.-


@danieltemperoni


 

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